Pueblo... Pueblo de Chile... Pueblo de Santiago: hace un año, en este mismo y amplio estadio, dije que el pueblo había dicho:
Venceremos, y vencimos...
Hoy puedo decir, con legítimo orgullo de compañero Presidente, que es cierto también lo que expresara:
Vamos a cumplir, y hemos cumplido.
Se me dijo:
No van a poder llenar el estadio. Se sostuvo que
las galerías iban a estar desiertas, que no había carne, que la gente
no iba a venir. Yo quisiera que nuestros adversarios y nuestros enemigos
vieran este maravilloso espectáculo: un estadio colmado de gente,
repleto de obreros, empleados, campesinos, mujeres, jóvenes y
estudiantes.
Y gracias, también, a los padres y a las madres que han traído a sus
hijos, a los niños de Chile, a ellos mi afecto y mi ternura. Saludo y
agradezco la presencia en este recinto de diplomáticos y representantes
de países amigos que voluntariamente han deseado estar
con nosotros. Saludo a los compañeros militantes de la Central Unica de
Trabajadores, en la persona de su presidente, compañero y amigo Luis
Figueroa, y en la de su secretario general, quienes han patrocinado este
acto. Saludo la presencia en esta tribuna de los dirigentes de los
partidos
y movimientos que integran la Unidad Popular, y rindo homenaje a los
miles y miles de trabajadores, a los que repletan estas galerías, a los
que están allí, en la pista y en el césped, a los que construyeron con
sus manos y con su dinero los carros alegóricos, los saludo
y les rindo homenaje en la persona de un trabajador ejemplar, el
compañero Barría. Este trabajador anónimo, con una nueva conciencia y
una nueva voluntad, allá en el Mineral la Andina, creó, gracias a sus
esfuerzos, una nueva máquina que puesta en marcha ha aumentado
extraordinariamente la producción. Saludo en Barría al nuevo espíritu, a
la nueva conciencia revolucionaria de los trabajadores chilenos.
He venido a dar las cuentas al pueblo. De acuerdo con la Constitución
Política tengo la obligación el 21 de mayo de inaugurar el período
ordinario de sesiones del Congreso y rendir ante él y el país cuenta
administrativa, económica y política
de la nación. Rompemos con viejos moldes, y año a año rendiremos cuenta
en este estadio, o en sitios más amplios, dialogando con el pueblo y
decirle que él es el factor fundamental en el proceso revolucionario
chileno.
Sostuve que era distinto conquistar el Gobierno que alcanzar el
poder. El 3 de noviembre asumimos la responsabilidad de gobernar este
país por mandato del pueblo, expresado en las urnas y ratificado por la
decisión del Congreso Nacional.
Hoy vengo a manifestar que, lenta pero firmemente, hemos ido
conquistando el poder, y hemos ido realizando los cambios
revolucionarios establecidos en el Programa de la Unidad Popular.
El pueblo de Chile ha recuperado lo que le pertenece. Ha recuperado
sus riquezas básicas de manos del capital extranjero. Ha derrotado los
monopolios pertenecientes a la oligarquía. Ambas actitudes son los
únicos medios y caminos para romper las cadenas que nos atan al
subdesarrollo,
único medio de acabar con la violencia institucionalizada, que castiga y
castigaba más fuertemente a la inmensa mayoría del país.
Es por eso que estamos aquí, para señalar que hemos avanzado en el
área social, base del programa económico, fundamento del poder para el
pueblo.
Controlamos el 90% de lo que fuera la banca privada; 16 bancos, los
más poderosos, entre ellos el Español, el Sudamericano, el Crédito e
Inversiones, el Banco de Chile, son hoy patrimonio de Chile y del
pueblo. Más de 70 empresas monopólicas y estratégicas
han sido expropiadas, intervenidas, requisadas o estatizadas.
Somos dueños. Podemos decir: nuestro cobre, nuestro carbón, nuestro
hierro, nuestro salitre, nuestro acero; las bases fundamentales de la
economía pesada son hoy de Chile y los chilenos.
Y hemos acentuado y profundizado el proceso de refoma agraria; 1.300
predios de gran extensión, 2.400.000 hectáreas han sido expropiadas. En
ellas viven 16.000 familias, y hay cabida potencial para 10.000 más.
Pero si es importante el haber aplicado la reforma agraria -para
hacer producir de manera distinta la tierra y cambiar su propiedad-, lo
es más haber hecho que el campesino se sienta ciudadano, y comprenda la
gran tarea de estar junto al pueblo, al obrero, para hacer posible que
nuestra gente
coma más. Su trabajo lo siembra a lo largo de la patria y ha de
representar más salud y más bienestar para todos los chilenos.
Por eso creamos los Consejos Campesinos y nos hemos empeñado en
cambiar las relaciones laborales. Hoy, los trabajadores tienen
conciencia de que son Gobiemo, que su actitud tiene que ser distinta, y
por eso yo señalo como algo ejemplar la responsabilidad asumida por los
compañeros
dirigentes de la Central Unica de Trabajadores y la importancia del
convenio CUT-Gobierno. Por eso, también, está en el Congreso Nacional el
proyecto de ley que consagra la participación de los trabajadores en la
administración de las empresas del Estado, la participación
de los trabajadores en la administración de las empresas mixtas y la
participación de los trabajadores en los Comités de Cooperación, en las
empresas privadas, y por eso, también hemos creado, en las empresas
estatizadas, en las empresas mixtas y habrá que crearlos
en las empresas privadas, los Comités de Producción, para engranar
profundamente la responsabilidad de los trabajadores en el proceso de la
producción nacional.
Tiene para nosotros tanta importancia que los trabajadores, que la
mayoría y la totalidad de ellos comprenda que son Gobierno, y que, por
lo tanto, su actitud debe ser diferente frente a los pliegos de
peticiones, frente a los reajustes. Personalmente viajé a Chuquicamata.
Allí
dialogué con los trabajadores del cobre. Visité las secciones. Estuve
reunido en cada una de ellas, y en la tarde -caído el sol-, ante más de
4.000 obreros, durante tres horas les planteé la necesidad de superar el
pliego de peticiones, les dije cómo los enemigos
del pueblo tenían la esperanza y el deseo de que hubiera una huelga en
el cobre, en el momento en que Chile está planteando los problemas
derivados de la indemnización. Les dije cómo se confabulaban para
estimularlos a formular peticiones que la industria no puede solventar;
les expresé que debíamos superar los pliegos de tal manera que el obrero
del cobre en Chuqui se incorporara a la dirección de las empresas, que
de las asambleas de trabajadores salieran los directores, de acuerdo con
el convenio CUT-Gobierno, hubiera comités sindicales y de
administración, que había traído un reajuste del sueldo base. Que del
excedente de la empresa, un porcentaje va a las arcas fiscales y el
saldo se divide entre la inversión que debe hacerse en la propia
empresa, para progresar técnicamente, en las inversiones sociales
que deben hacerse allí mismo en beneficio de los trabajadores y en un
fondo de distribución directa para dar salarios y sueldos en relación
con la producción y con la productividad: ligar al trabajador al proceso
productivo porque las empresas del cobre son el sueldo de Chile
y porque los trabajadores del cobre son dueños de esas empresas, en
cuanto forman parte de nuestro pueblo.
Desde aquí, mirando en el césped a otros mineros, con sus cascos y
sus lámparas encendidas, llamo a los trabajadores de Chuquicamata a la
responsabilidad, y les digo que Chile entero espera su respuesta y yo
tengo fe en la respuesta de los trabajadores del cobre.
Quiero señalar que ha habido preocupación del Gobierno, a través del
Ministerio de Agricultura, por un sector de chilenos discriminados: los
mapuches, los aborígenes, la raíz de nuestra raza, siempre postergada.
Ha sido motivo fundamental tal interés del Gobierno
de ustedes, y por eso hemos intensificado la reforma agraria en Cautín;
par eso hemos creado el Instituto de Capacitación y Desarrollo Mapuche y
la Corporación de Desarrollo Indígena. Queremos que los mapuches
alcancen igual derecho y que la misma ley que se aplica al resto
de los chilenos se aplique a ellos y queremos elevar sus niveles
culturales, materiales y políticos para que estén junto a nosotros en la
gran batalla libertadora de la patria.
Tuve la oportunidad de apreciar la entereza y el valor humano de otro
grupo de chilenos, siempre negado, también olvidado, inclusive
desconocido en la amplitud de su drama para mí, son los 150.000 chilenos
parias en su propia patria, sin hogar, sin trabajo permanente, sin
familia, caminando
de pueblo en pueblo, durmiendo bajo los puentes o a la intemperie,
acosados a veces por las fuerzas policiales. Para ellos se ha abierto
por primera vez La Moneda, y el Ministerio de Agricultura tiene orden
perentoria de plantear rápidamente un plan de emergencia para que el
afuerino sea un trabajador
más, para que alcance la tierra, para que forme su hogar y para que esté
junto al mapuche y al obrero en la tarea de Chile, en la tarea de
nuestra patria.
Para eso hemos ido alcanzando el poder. Para ir incorporando a grupos
y sectores postergados. Nuestra preocupación ha sido fortalecer la
democracia y ampliar las libertades mediante la redistribución del
ingreso, la liberación económica. Este Gobierno quiere una auténtica
democracia y una libertad concreta para todos los chilenos. La
democracia y la libertad son incompatibles con la desocupación, con la
falta de vivienda, con la incultura, con el analfabetismo, con la
enfermedad. ¿Cómo se afianza la democracia? Dando más trabajo.
Redistribuyendo
mejor. Levantando más viviendas. Dando más educación, cultura y salud al
pueblo. Veamos, trabajadores, qué es lo que hemos hecho.
Este país está castigado desde hace más de un siglo por una brutal
cesantía. En septiembre de 1970 teníamos un 8,3% de cesantía, en
septiembre de 1971 la hemos bajado a 4,8. En diciembre de 1970 había en
Santiago 87.000 cesantes, ahora por desgracia
todavía hay 51.000. En diciembre de 1970 había 5.000 cesantes en Puerto
Montt, hoy hay sólo 300. En Temuco, en diciembre del año pasado, 9.000,
ahora tan sólo 3.000, y en la región de Bío-Bío, Malleco y Cautín hemos
creado 12.000 nuevos empleos,
nuevas fuentes de trabajo. Otro factor importante para afianzar la
democracia es nivelar las posibilidades y los ingresos para ir
disminuyendo las tremendas distancias que el régimen capitalista
consagra en cuanto a las remuneraciones. Veamos qué hemos hecho. En
1968, el 60% de las familias
recibían el 17%; ese mismo año el 2% de las familias recibían el 45% del
ingreso. Estamos corrigiendo esta injusticia. En 1970 los asalariados
recibían el 50% de la renta nacional, en 1971 los asalariados reciben el
59% de la renta nacional.
Hemos dado un tranco largo, pero lo hemos dado más largo, aumentando
en un porcentaje más alto las asignaciones familiales de obreros,
campesinos y empleados públicos, para acercarlas a las asignaciones
familiares de los empleados particulares Y otras cajas de previsión.
Pero también, y con pasión y con cariño, nos hemos preocupado de las
pensiones de las viudas, de los ancianos, de los montepíados, de los
jubilados. Por primera vez en la historia de Chile no se ha visto en los
jardines del Congreso, ni rodeando La Moneda, a los viejos chilenos,
que entregaron su vida de esfuerzo y que no habían recibido ni siquiera
en los últimos minutos de su vida el derecho de morir tranquilos. Ahora,
han sido básicas las preocupaciones del pueblo, en el Gobierno de
ustedes, para hacerle justicia a las ancianas y a los ancianos chilenos.
Otro índice importante es la inflación. De enero a noviembre de 1970
hubo un alza del costo de la vida de un 33%. De enero a noviembre de
1971, menos de un 15%. Menos de un 15%, esto es muy importante. Veamos y
tengan calma; y espero que anoten bien nuestros enemigos. Veamos el
aumento
del consumo. La redistribución de los ingresos, el que compañeros que no
trabajaban, trabajen, el que los que recibían menos de dos sueldos
vitales tuvieran un reajuste superior al alza del costo de la vida, ha
significado una mayor demanda. Este país, todos los años,
importa 180, 200 millones de dólares, en carne, trigo, grasa,
mantequilla y aceite. Y el próximo año importaremos más, aun cuando
aumente la producción agricola, porque el pueblo debe alimentarse mejor.
Hemos aumentado el consumo de aves, de porcinos, de papas, en un 16%, en un 18% y en un 55%.
Se ha aumentado el consumo de azúcar en un 37%. Cuando venga Fidel Castro, le voy a decir que es demasiado.
Sin embargo, como he dicho hace un instante, ha habido escasez
transitoria de algunos productos, por el mayor poder de compra de las
masas, por la tendencia al acaparamiento de ciertos sectores que compran
más de lo que necesitan. Si necesitan 3 ó 5 kilogramos de carne, y la
encuentran
en venta, compran 10 ó 12, y lo guardan en su freezer o su refrigerador.
Hay una presión psicológica que hace que la gente compre más de lo que
necesita. Y también debemos reconocer que hay especulación en los
barrios.
En el caso de la carne, por otra parte, al comienzo de nuestro
Gobierno salieron de las fronteras de Chile más de 200.000 cabezas de
ganado vacuno. Agreguemos a ello que países productores de carne como
Argentina, tienen también a su pueblo restringido, comiendo una semana y
otra
no; por eso es que a veces ha faltado la carne.